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Su amigo, Ing. Javier Rivera (Danzonero X), les da una cordial bienvenida a este nuevo espacio alternativo donde pondré el historial de documentos, textos y materiales relacionados con el danzón y sus circunstancias. Cualquier aportación será bien recibida.

jueves, 6 de noviembre de 2025

EL DANZÓN QUE NATALIA NO BAILÓ

EL DANZÓN QUE NATALIA NO BAILÓ

Por Alejandro Cornejo Mérida

Extracto del Boletín Danzón Club No. 188 (Octubre, 2025)

Anselmo fue mi amigo desde que estudiábamos en la preparatoria. Cultivamos una gran amistad y debido a eso compartimos experiencias estudiantiles y otras más que se viven en esa etapa de la vida. La confianza y el compañerismo fue siempre de respeto y solidaridad y eso ocasionó que por algún tiempo compartiéramos la vivienda siendo cuando éramos estudiantes. Esta situación, y a través de pláticas, me permitió conocer su origen zapoteco y parte de su familia que sólo la integraban sus padres y una hermana de nombre Natalia de trece años cumplidos, de quien manifestó que la quería mucho y esperaba, en un tiempo no lejano, ayudarla económicamente para que estudiara, por lo menos una carrera corta. Cuando comentó esto, nunca imaginó lo que ocurriría con su hermana de quien expresaba maravillas y decía que era una chica con sólidos valores que sus padres le habían inculcado como amor por la familia, el respeto para todos en especial a los ancianos, solidaridad familiar, honestidad, tolerancia, amor al trabajo y responsabilidad.

Todo esto ocurría pocos años antes de que terminara el siglo XX. Sí, fue la época en que nos gobernaba el nefasto de los nefastos presidentes que hemos tenido, el que endeudó a la Nación a través del Fobaproa.

En esa época yo era seguidor apasionado del atrapador ritmo del danzón e invité a mi amigo a un evento de ese maravilloso baile en el que hubo exhibiciones mágicas de ese danzar que cautiva; después de esa muestra se dio lugar al baile de gala en el que mi compañero invitado me vio bailar, y aunque yo no era experto, me comentó que lo hacía muy bien. Asimismo, expresó que las coreografías vistas en la exhibición habían estado de lujo, tan esplendorosas, que las disfrutó y deleitó ampliamente.

Un año después, mi entrañable camarada me comentó que su hermanita Natalia estaba próxima a cumplir sus XV años y era costumbre, en su nativa región istmeña, hacer esos festejos en grande en los que abundan variadas comidas, músicas, cervezas y rico mezcal. Debido a la proximidad del especial cumpleaños me pidió que llegada la magna fecha, lo acompañara a su tierra con días de anticipación para que a su hermanita le enseñara pasos básicos y con ellos diéramos una exhibición en su especial fiesta, a lo que yo acepté sin titubeos por ser una amistad que apreciaba bastante.

Los céfiros corrieron veloces y se llevaron rápido las semanas y los meses y cuando faltaban como quince o veinte días antes del referido cumpleaños, pregunté a mi amigo Anselmo que cuándo haríamos el viaje. Su respuesta fue el silencio, su rostro reflejaba tristeza y desánimo. Seguro que algo ocurría en él, porque hay casos en que las penas, las angustias y el desconsuelo no se pueden ocultar. Se notaba que su duelo era grande, tanto que había necesidad de superarlo.

— ¿Te sucede algo amigo? —pregunté.

No contestó al momento como suele suceder. Continuaba con su rostro apesadumbrado. Fijó sus ojos en mí, y fue el instante en que insistí.

— Si tienes un problema dímelo y ojalá pueda ayudarte en algo.

— Siempre no iremos a mi tierra; algo inesperado pasó con mi querida hermanita —me dijo.

— ¿Qué ocurrió? ¿Puedo saberlo?

— Pues que la pinche chamaca, estúpida ya se entregó con el novio y por eso no habrá fiesta.

— ¡No me digas eso! Yo que ya había seleccionado un hermoso danzón y además elegido unos bonitos pasos, entradas y remates para que ella se luciera. No puedo creer lo que ha ocurrido. Qué mala cabeza la de esa muchacha. Es una tristeza que se haya dejado seducir, que no haya sido capaz de dominar sus emociones.

Ya sin que se le pidiera, Anselmo decidió contar cómo ocurrieron los hechos:

Mi papá le pidió a Natalia que fuera a la tierra de labor y cortara unos elotes para que mi mamá hiciera unos tamales para la cena. Ya en el camino hacia la milpa, se encontró con su novio Pantaleón, relación que habían mantenido en secreto, y quien se ofreció a acompañarla para realizar esa tarea. Ya estando en el lugar de los elotes empezó a acariciarla y la convenció de que le diera una muestra de su cariño, prometiéndole que cuando ya fueran mayores de edad se casarían con todas las de la ley. Esto lo platicó ella después de ese acontecimiento.

Para mala suerte de los enamorados, no se percataron de que doña Camila, hermana del papá, vio cuando la abrazaba, antes de cortar los elotes y de inmediato corrió y lo platicó al progenitor de la chica. Al llegar a casa amenazaron a la muchacha con castigarla despiadadamente si no confesaba la verdad.

Cuando la joven reveló y aceptó que había entregado su virginidad al novio, mi padre montó en cólera, tomó su grueso cinturón y cuando la iba azotar intervino la mamá y dijo que mejor los casarían aunque fueran menores de edad.

Anselmo suspendió el relato, guardó silencio y movió su cabeza de un lado a otro, desaprobando lo ocurrido y como diciendo por qué pasan estas cosas. Fue ese momento en que le dije:

— No te aflijas amigo, si no habrá fiesta de XV años, pronto tendremos la fiesta del casamiento de los jóvenes amantes; y entonces sí bailará el danzón que preparé, una bella melodía que se llama Mi consuelo es amarte y no lo bailará conmigo, bailarán ellos para que los admiren y se lleven todos los aplausos.

— Eso no va a ocurrir —dijo mi amigo— quisiera que así fuera pero no pasará porque mi padre se sintió tan ofendido y defraudado por la hija que decidió correrla de la casa y no sabemos dónde ande ahora. Aunque lo más seguro es que esté escondida en la casa de los padres del novio a quien tampoco se le ha localizado.

Los hechos narrados no sólo afectaron la relación matrimonial de los padres, dado que la mamá no estuvo de acuerdo que el padre de Natalia decidiera tan riguroso y áspero castigo que equivalía a un sufrido ostracismo; la ira desmedida del papá era incontrolable pues había ahorrado con anticipación para hacerle gran fiesta a la hija. La decisión de correrla de la casa causó fuerte impacto entre sus conocidos, por ello la familia sufrió fuertes críticas por parte de la comunidad en la que todo se sabe y los hechos toman el color de chismes, mofa, escarnio y de refinada ironía. También destrozó la ilusión de Anselmo que ya había comprado zapatos nuevos, hermosa guayabera blanca de lino y pantalón negro de fino casimir para bailar el vals Danubio azul con su hermanita adorada; los padrinos tenían ya contratada una banda de música y seleccionado el vestido de la quinceañera que además le tenían la sorpresa de hermoso traje regional de falda y un colorido y bello huipil bordado a mano; también estaba elegida la comida que se ofrecería el día de la fiesta en la que se incluía matar una res para que los invitados satisficieran sus exigentes paladares, y no se pasó por alto lo que darían al día siguiente en el conocido lavado de olla.

Por lo que a mí respecta también me afectó porque me cubrirían el costo del pasaje y hospedaje y al frustrarse esa fiesta ya no tuve oportunidad de estar unos días en esa región bella del Istmo de Tehuantepec.

Pasadas unas semanas, el padre de Natalia se encontraba en una cantina en compañía de uno de sus compadres. Ambos disfrutaban sus frías cervezas que bien se apetecían dado el fuerte calor que hace en esos lugares; después del consumo de varias caguamas, la amarga pero sabrosa bebida, el compadre, en confianza, preguntó si sabía algo de su hija; el padre, medio alcoholizado, agraviado y seriamente ofendido dijo que no quería saber nada de ella, que si la llegaba a ver le iba a dar una buena putiza.

El compadre, sereno, respetuoso, lúcido y dando muestras de tener experiencias de la vida, criterio amplio y un sentido común bien desarrollado, expresó:

— Compadrito, no me lo tome a mal, pero sepa usted que por cada momento de cólera que viva, por cada coraje que haga son minutos menos de vida; es hermoso aprender a vivir sin enojos; reír alarga la vida. Ya no se mortifique. Usted y su familia están sufriendo por lo que hizo la muchacha pero ella es probable que esté disfrutando y gozando su nueva experiencia que le ofreció la vida. Acuérdese que fuimos jóvenes y en esa etapa también cometimos muchas burradas.

El padre de Natalia, no contestó, permaneció en silencio por unos instantes, reflexionó y pensó en el gran amor que le ha tenido a su hija, y eso lo motivó a hablar y dijo:

— Mesera, otra caguama por favor —y dirigiéndose al compadre agregó

—. Esta es la última y nos vamos compadrito.

Pasaron raudamente los meses y durante ese tiempo nada se supo de la precoz Natalia. ¿Qué habrá sido  de ella? Pensamos que sólo el tiempo, quizá no lejano, nos lo podrá decir.

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INSCRIPCION A LA ASOCIACION MEXICANA DE DANZONERO

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